Os propongo un juego!
Como todos sois muy leidos e intelectuales... vamos a crear una historia.
Las reglas son sencillas. Alguien comenzará a escribir su pequeño fragmento, de las palabras que quiera y el que "se atreva" continará la historia, dandole el giro que mas intersante le parezca.
Asi entre todos crearemos una historia de terror, amor, suspense... gore... lo que querais!!
Para dar un poco de pie, os escribo la sinopsis, y recordad que puede cambiar como querais, matando personajes o llevandoles a otro planeta, etc.... Espero que os animeis....
Frika, una joven de 28 años acaba de terminar la carrera de psiquiatria. El alcohol y las drogas en su vida universitaria no la han ayudado a olvidar el motivo por el que estudio esa carrera.
Su pasado siempre la ha atormentado y es ahora cuando deberá tomar su dificil decision...
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Ese día hacía un frío horrible. Se le metía por todo el cuerpo hasta el punto de no dejarla pensar. Frika se dirigía a su cita, había quedado con Ramón, la única persona que conocía toda su historia. Había evitado este momento durante años pero ya no le quedaban excusas. Ver a Ramón implicaba mirarse ella misma a los ojos, ver su interior, aquello de lo que había estado huyendo todo este tiempo. El día que aceptó la cita se sentía fuerte, preparada y decidida, creía que podría soportar mirarse. Hoy era diferente, las fuerzas le flaqueaban, ¿sería el frío? Deambulaba por las calles sin querer mirar el reloj pero siendo consciente de que el tiempo corría, y estaba cada vez más cerca de encontrarse con todo su pasado. Ramón la esperaba en el sitio y a la hora de siempre.
Ramón la esperaba impaciente, nervioso. Tenía ganas de volver a verla. Escuchó sus pasos desde lejos, el pulso se le aceleró, eran inconfundibles. Andaba como si rozara el suelo, como si la tierra y ella no tuvieran ningún punto de unión, sólo un pequeño hilo que podría ser cortado en cualquier momento. Y si lo pensaba un poco, así era Frika, unida a esta realidad por un débil hilo, él. ¿Qué habrá sido de ella todo este tiempo en el que él no ha estado presente? ¿Qué la ha unido a este mundo? Empezó a notar los pasos más cerca, la distancia entre ellos era cada vez menor, pero todavía no lograba verla. De pronto, sintió su olor. Tal y como recordaba. Ella nunca usaba perfume pero el olor de su cuerpo era inconfundible, una mezcla suave de rosas y canela.
Ya, Frika acababa de pararse detrás suyo, él solo tenía que girarse. Tembló. Respiró lentamente. Se agarró el corazón y se giró. Allí estaba ella, tal y como la recordaba. Miró a sus ojos y volvió a encontrar el abismo de siempre, pero con más fuerza. Se sintió desvanecer. No sabía si podría enfrentarse a algo tan poderoso. Le dio miedo pensar todo lo que había vivido Frika durante estos años. Extendió sus brazos para cobijarla y poder resguardarse de su mirada. Era Frika, la misma de siempre, pero mucho más perdida y vacía que antes.
¿Qué le había pasado? No quería soltarla, no quiere volver a mirarla porque temía perderse en el pozo de oscuridad y desesperanza que había en sus ojos.
El sudor pegaba las sábanas a su cuerpo, la luz atravesaba las lamas de la ventana e incidía sobre su rostro. Flica despertó.
Aún aturdida apenas tuvo tiempo de llegar al aseo, tras vomitar bebió agua y se lavó la cara. Al mirarse en el espejo apenas pudo reconocerse. De nuevo el mismo sueño. De nuevo “Él...
Como un día mas, Saul recorría sus acostumbrados 10km y hacia unas series de ejercicios que le mantenían en plena forma ya a sus 45 años recién cumplidos, al llegar a casa, preparaba un buen desayuno y leía el periódico tranquilamente. Al provenir de una familia adinerada, saul, estaba acostumbrado a tener todo lo que quería y más aun al haberse quedado huérfano desde muy pequeño. Esa mañana mientras pasaba las páginas de actualidad vio una foto que le llamo la atención. No lo podía creer, allí estaba, era Frika, entre todos los licenciados en psiquiatría, tenía el pelo distinto y había perdido peso, pero estaba claro, era ella.
No pudo evitar tener de nuevo esa sensación, que años antes le había atormentado, pero por fin, la había encontrado… un escalofrío recorrió su cuerpo… En ese mismo momento bajo las escaleras hacia su casi olvidado sótano, abrió la puerta y entro…
Después de ese sueño, Frika supo que tenía que llamar a Ramón. Era inevitable. Tenía que enfrentarse a su pasado. Abrió un cajón. Sacó una libreta pequeña guardada en el último rincón. La abrió y marcó en su móvil el número de Ramón. Sabía que no había cambiado de número de teléfono, lo sabía porque ella tampoco lo había hecho, ambos esperaban que este momento llegara.
Saúl bajó las escaleras lentamente. Se escuchaba el quejido de la madera al descender. Un escalofrío le recorrió la espalda. Encendió la luz. Todo estaba tal y como lo habían dejado. Los recuerdos se agolparon en su mente. Por un momento se tambaleó, no tuvo fuerzas para seguir adelante, pero, como siempre, la curiosidad le pudo más. Los aparatos estaban cubiertos de polvo y telarañas, sin embargo, sabía que funcionaban correctamente, que podían seguir con sus experiencias.
Recordaba la última vez, aquella por la que decidieron dejarlo. En dos meses habían avanzado mucho, habían conseguido contactar con el más allá, la quinta dimensión, o como cada uno quiera llamarlo. Había visto cosas que nadie puede ver, habían experimentado con seres, entes, energías que giraban a nuestro alrededor pero eran imperceptibles para nuestros sentidos. Habían puesto al límite sus cuerpos para hacer que esa energía brotara y poder comunicarse con el otro lado. Frika era siempre la que se ofrecía. Él no sabía muy bien por qué. Ella sentía una atracción muy fuerte hacia el otro lado, era como si una parte de él se hubiera quedado para siempre pegada a su alma, formara parte de ella, se perteneciesen mutuamente. Era como si llevase el abismo y la oscuridad dentro de ella.
Saúl se limpió el sudor, era un sudor frío, como el de aquel día. Frika llegó a la hora de siempre, con la mismas ganas de experimentar, pero había algo en ella ese día que no le gustó, estaba más ansiosa que de costumbre. Un brillo especial en los ojos que no era propio de ella. En las últimas sesiones Frika había aguantado más al otro lado de lo permitido, cuando regresaba, Saúl notaba que no le contaba todo lo que pasaba. Eso le inquietaba muchísimo. No sabía que lugares estaba visitando, no sabía hacia dónde estaba conduciendo a Frika.
La sesión comenzó como de costumbre. Frika se sumergió su viaje. Pasado el tiempo estipulado Saúl intentó regresarla, pero Frika no se despertaba, no se dejaba traer a este mundo. Le entró el pánico, el sudor frío, la boca seca, ¿qué pasaba al otro lado? Después de treinta largos minutos pudo recuperarla. No hablaron nada. No dijeron nada. Ninguno de los dos quería saber. Cerraron la puerta del sótano y ambos supieron que no volverían o que pasaría mucho tiempo para que aquello se repitiera.
Ahora Saúl la había vuelto a encontrar. Sabía cómo localizarla, ¿querría volver a intentarlo? ¿querría terminar lo que comenzó aquel día?
Cuando vio los ojos de Frika en el periódico supo las respuestas a estas preguntas.
Preparó un baño, sabía que eso la relajaría. Había llamado a Ramón, le había dejado un mensaje en el contestador, a la misma hora y en el mismo lugar. Se sumergió en la bañera, el agua siempre le sentaba bien. Era como su pequeño refugio. Era el único lugar donde se calmaba su interior. Se metió despacio, siguiendo su ritual de siempre. Necesitaba pensar más que otros días, acallar la voz de dentro.
Comenzó a recordar. No sabía bien por qué. Le vinieron a la mente todos los viajes al otro lado. El último fue el peor. ¿Quién era ella? ¿Por qué tenía esa relación tan estrecha con el otro lado? Cuántas preguntas le quedaban todavía sin respuesta. Tenía miedo, como la última vez que fue allí.
Frika siempre se había sentido inquieta, ajena a este mundo. No sabía muy bien por qué. Cuando comenzó los viajes con Saúl sintió que encontraba su lugar. Se sentía cómoda al otro lado. Al principio sólo los veía o sentía, poco a poco fue hablando con ellos. Era una sensación extraña. Saúl nunca pudo hacerlo, para ella era algo sencillo, notaba que de su interior fluía una corriente muy fuerte que la unía a ellos. Nunca supo quienes eran, ni de dónde venían, cuando despertaba tampoco recordaba las conversaciones, sólo la sensación de estar en el lugar dónde tienes que estar. Notaba que Saúl estaba cada vez más inquieto, pero no podía decirle nada porque ella tampoco sabía nada.
Ese día era diferente, lo percibía Comenzó la sesión. Traspasó la muralla y allí estaban, como siempre, esperándola. Hablaron mucho tiempo, ahora sí entendía lo que decía. Ella era la puerta para ellos. Querían pasar a este lado, tenían una misión. No le dijeron qué. Ella era la única que podía dejarlos pasar. La habían estado esperando durante mucho tiempo, era su elegida. Ella quería saber más, quería que le explicaran. Sintió como uno de ellos se introducía en ella para cruzar, pero de golpe algo la despertó bruscamente, él había quedado atrapado dentro de su cuerpo, entre los dos mundos. Cuando despertó fue consciente de lo que había pasado. Escuchaba el grito atronador de ese ente dentro de ella. No sabía cómo sacarlo, tampoco quería volver, no quería que nada más entrara dentro de ella. Miró a Saúl y se vio reflejada en sus ojos. Se asustó. Lo que vio ya no era ella.
Durante estos 8 años él ha permanecido dentro de ella. Es una voz que no se calla, que no la deja descansar. Nada ha podido silenciarla. A veces no entiende lo que le dice, otras veces sí, claramente, le recuerda que ella es la puerta, que debe dejarlo salir. No para de gritarle una frase, una frase que la persigue y la destruye: ¡Quién tiene un don tiene una responsabilidad!
PD: (cómo no me paréis puedo llegar a escribiros una novela de 500 páginas por lo menos, así que escribid también, por favor, por mi salud)
Pom!
El ruido de la puerta la despertó. Estiró el brazo al otro lado de la cama, el desconocido se acababa de marchar. Dolor de cabeza, boca salada, sudor seco en la piel. Las imágenes todavía golpeaban su mente, otro sueño. Recordó como años atrás estudiar psiquiatría le pareció la mejor opción, comprender, aceptar, olvidar… Conocer el miedo y los secretos de otras personas la ayudarían a aceptar los suyos. Por qué ahora? Por qué el pasado volvía de nuevo? Por qué “Él”?
-Calla de una vez hija de puta! Deja de gritar!
La niña no podía parar de llorar, estaba tan asustada, no sabia que hacia en ese lugar, se encontraba desnuda, atada de pies y manos en el centro de una gran habitación. Había un nauseabundo olor a podredumbre, unas velas iluminaban el lugar y unas extrañas inscripciones le daban un aspecto terrorífico..
-Irum fis calem, totum minus corpus! Jacob recitaba las ultimas palabras del ritual, con un gran cuchillo marcaba el pecho desnudo de Pili, la pobre niña, estaba aterrada y no paraba de llorar.
-Sarcum filem menis more!Jacob alzo el cuchillo con ambas manos y se dispuso a acabar con aquella insignificante vida…
-pum- un sonido seco y sordo inundó aquel sótano, Jacob soltó el cuchillo y se toco el pecho, estaba todo lleno de sangre, un dolor agudo le nublo la cabeza y calló al suelo.
No lo podía creer, no le importaba saber que había muerto, solo, que no había terminado su ritual, el ultimo de 6 asesinatos de niños, para conseguir agradar al supremo. No quería irse de este mundo sin acabar, no ahora. Pero era demasiado tarde, estaba muerto.
En ese momento sintió que una mano fría le tocaba la cara y le susurraba con un hilillo de voz, que no tuviera miedo, que le cogiera la mano y se levantara.
-quien eres, que haces aquí? Me llamo Frica y he venido a ayudarte. No tengas miedo, vengo del otro lado, tú has muerto y yo te voy a enseñar el camino.
Esta era su oportunidad, ahora o nunca. Jacob la abrazo fuertemente y algo extraño ocurrió.. Sus cuerpos se unieron y se fundieron en uno… Por fin, podría acabar su obra, había abandonado ese mundo, Aun no había llegado su momento….
Frica llegó a su cita con Ramón. Ramón era su único amigo. Él había escuchado todas sus historias. Le contó los viajes con Saúl y el sueño raro que tenía con “Él”, con Jacob, un sueño que se repetía desde que era niña. A veces, se despertaba empapada de sudor, agitada, apenas recordaba detalles de lo que había soñado pero sentía una gran punzada en su interior, como si algo se estuviera rompiendo. ¿Por qué ella?
Ramón le había dicho que tenía que averiguar qué pasaba en el sueño, qué tenía que descubrir qué le decían las voces del otro lado, saber qué significaba ser la puerta. Cuando dejaron de verse, Ramón había encontrado una persona que podría ayudarla, Uriel, era un hombre que también se comunicaba con el Otro lado. Frica se negó a ir. Sabía que ahora, cuando volviera a ver a Ramón, el tema volvería a salir.
Se dirigió hacia su cita con Ramón, ya era el lugar y la fecha acordada. Allí estaba él, plantado como siempre. El cabello lo tenía un poco más largo y algunas canas empezaban a darle ese aire interesante que tanto le gustaba a ella. Por lo demás, seguía igual que hacía 8 años. Siempre había sentido una atracción especial por él. Nunca había dicho nada, no se sentía preparada para iniciar ninguna relación con una persona, ahora mismo no era el momento, tenía que resolver muchas cosas antes de poder estar junto a alguien. Lo abrazó, tal y como lo soñó hacía unos días. Cuando la miró supo que sabía que aquello seguía dentro de ella. Tembló y no pudo remediar abrazarse a él para ocultar que cada vez aquella cosa le estaba ganando el terreno. Sin decirle una palabra la cogió de la mano y la dirigió a su coche. Ella lo siguió. No quiso saber nada. Por una vez en la vida le gustó esa sensación de que alguien cuidara de ella, de que alguien supiera qué hacer. Estuvieron en el coche mucho tiempo, más de 1 hora, pero ella seguía sin preocuparse. La condujo fuera de Madrid por lugares que ella no conocía. Pero confía en Ramón, o al menos quería confiar en él. No dijeron nada pero se comunicaron con el silencio. Ella le contó toda su historia sin palabras. En su mente iban apareciendo los recuerdos de estos 8 años, todo lo que le había pasado, por qué desapareció, cómo había intentado huir, sus viajes al abismo, etc. Ella sabía que él la estaba escuchando, que cada una de las imágenes que proyectaba en su cabeza le llegaban a él.
Por fín el coche se detuvo. Era un barrio pobre. Los edificios eran bajos y tenían aspecto de estar en muy mal estado. Ramón bajó. Ella hizo lo mismo. Se detuvo ante el número 7 de una puerta de color azul. Le llamó la atención. Era un azul cielo muy tranquilizador. Llamó 3 veces al timbre. Nuevamente el silencio y una espera de unos segundos hasta que al otro lado comenzaron a escucharse unos suaves pasos, como si alguien caminase rozando el suelo, con un hilo pequeño que lo ataba a la tierra.
Se abrió la puerta. Allí estaba, un hombre alto, moreno, con los ojos azules, el mismo azul que la puerta. Con un rostro sereno. Frica lo miró. No supo el tiempo que estuvo así, la serenidad de su rostro la envolvió. Por un momento las voces internas se callaron, el abismo que llevaba dentro se calmó. Notó como Ramón la zarandeaba, no quería que la sacaran de la contemplación de esa calma, pero Ramón insistía, volvió otra vez a ser consciente de su realidad.
Siguieron al muchacho por un pasillo estrecho, se detuvieron en un pequeño salón. Por fin habló:
- Hola Frica, soy Uriel, te he estado esperando durante mucho tiempo
- Hola- se atrevió a decir ella con una voz que no parecía suya, le temblaba.
- Siéntate
Se sentó como una autómata, sin pensar. No quería pensar en nada de lo que estaba pasando.
Ramón y él estuvieron hablando largo y tendido, parecían conocerse desde hacía mucho tiempo. Entre ellos había una relación diferente, de complicidad, confianza, muy sincera.
Frica miró a su alrededor. Era una habitación pequeña. Sólo tenía una mesa, cuatro sillas y un sofá. Pero había una gran ventana que daba a una terraza, donde había numerosas plantas y animales. Le dio tanta sensación de vida. De pronto ellos dejaron de hablar, y Uriel se dirigió nuevamente a ella.
- ¿Estás lista?
- Sí, dijo ella. No sabía para qué, pero le daba igual. Quería saber lo que aquella persona podría hacer por ella.
- Vamos a hacer una regresión- le explicó Uriel- va a ser dura. Vas a descubrir cosas de ti que no te van a gustar. Has de estar preparada. Sé lo que vas a ver. Conozco todo sobre ti. No te puedo decir nada. Lo tienes que descubrir por tí misma. Cuando despiertes no te preocupes, Ramón y yo te estaremos esperando aquí, con los brazos abiertos. Ya sabrás la verdad y estarás lista para todo. Has tardado mucho tiempo en dar este paso pero ahora sé que estás preparada. Lo veo en tus ojos. Comenzamos,...
(PD: os dije que podría escribir 500 páginas)
Qué separa los sueños de la realidad? Acaso cuando soñamos no sentimos? No nos paraliza el miedo, los escalofríos nos erizan la piel y el dolor nos hace gritar? Como saber qué es sólo el fruto de nuestra mente? Cada mañana, al despertar, estas preguntas atormentaban a Frica.
Pero esta vez Frica quiso llegar hasta el final. Sabía que si volvía a dormir continuaría donde lo había dejado. Estaba cansada de que siempre se repitiera lo mismo; Jacob, y su ritual, Saúl y los viajes al otro lado, la dichosa puerta, y Ramón, que ahora aparecía con alguien nuevo, Uriel. Muchas veces cuando caminaba por la calle el corazón le daba un vuelco parecía que se iba a encontrar con alguno de ellos, otras, de repente, encontraba lugares idénticos a los de sus sueños, vivía así sin saber qué era realidad y qué era ficción. Por eso, hoy había decidido seguir. Continuaría durmiendo. La historia había avanzado, nunca antes había pasado, así que se sintió que era el momento de dar un paso más. Acomodó la cabecera, y cerró los ojos, esperó a que el sueño la invadiera. Un, dos, tres, ... escuchó la voz de Uriel que la llamaba desde el otro lado para que comenzara con la regresión,...
Ya estaba lista, ya no había vuelta atrás.
El hielo se había deshecho en la ginebra. La penumbra del local dejaba adivinar más siluetas masculinas que femeninas. El ritual nocturno tocaba a su fin, él se mostraba impaciente, ella asió su mano y se marcharon a su casa. Quizás esta vez será diferente, quizás hoy sea el día, se repetía a si misma noche tras noche. Al despertar sintió en la nuca su aliento, con su piel el calor de su cuerpo. El desconocido seguía junto a ella. Una lágrima recorrió su rostro.
Se giró lentamente. Era la primera vez que lo iba a ver. El alcohol le jugaba esas pasadas. Bebía desde hacía mucho tiempo, para ahogar esa confusión que la acompañaba. Buscaba en la noche la tranquilidad que no tenía. Así había pasado los últimos 8 años de su vida, ni psiquiatría, ni drogas, ni alcohol habían calmado su ser. ¿Qué le pasaba? Numerosos hombres habían pasado por su cama, pero ninguno se había quedado. Él era el primero. Era agradable despertarse y sentir el calor de alguien junto a una. Se giró, quería ver su rostro, un rostro que no recordaba. Quedó helada. Era él. Tenía el rostro de Uriel. ¿Qué hacía Uriel en el mundo de la realidad? Cada vez estaba más confundida. Él la miraba, con los mismos ojos azules que en el sueño, con la misma sensación de serenidad. Le dijo suavemente buenos días. Ella se levantó agitada. Rápidamente se vistió. Le dijo que tenía que darse una ducha y salir a comprar. Huyó. Ahora era ella la que se iba. Cerró la puerta de golpe. Vagó por las calles. El sol le golpeaba la cabeza fuertemente. No sabía que hacer. ¿Qué hacía Uriel en su cama, suponiendo que ese era su nombre? ¿Los personajes de sus sueños eran reales? ¿Dónde estaban Jacob, Saúl y Ramón? ¿Habría hecho el amor también con ellos y no los recordaba? ¿Por eso aparecían en sus sueños? Recordaba el último sueño que había tenido. Era una regresión, pero nunca pudo hacerla. No sabe por qué motivo algo le impedía sumergise otra vez en ese mundo y eso que esta vez se sentía preparada. Volvió a casa. Pensó que Uriel ya se habría marchado. Cuál fue su sorpresa cuando al entrar, lo encontró allí. Tumbado en el sofá, escuchando uno de sus discos. Había recogido toda la casa, limpiado el desastre de la noche anterior. Ella lo miró. No supo que decir. Él le señaló el sofá para que se sentará a su lado. Frica tenía miedo. Prefirió tirar un cojín al suelo y sentarse a su lado, cerca de él pero lejos. Él la miró. Comenzó a hablar. No sabe cuanto tiempo estuvieron así. Él le desnudó su alma y ella hizo lo mismo. Hablaron de música, cine, literatura, arte, lloraron y rieron con anécdotas, se emocionaron con fragmentos de sus vidas, ... Así pasaron las horas, el día, sin ser conscientes del tiempo que transcurría. Él la acariciaba constantemente, las manos, la cara, el pelo. Ella se dejaba. Era muy reconfortante sentir el calor de una persona.
No quería saber su nombre. No quería que le dijera que se llamaba Uriel, qué le importaba a ella su nombre si ya sabía de él lo que necesitaba saber. Hicieron el amor nuevamente. Esta vez ella fue consciente. No recordaba cuánto tiempo hacía que no practiba sexo con todos los sentidos. Se dejó llevar. Sintió las manos de él en su cintura agarrándola con seguridad, con aplomo, pero a la vez con una ternura indescriptible. Sus besos inundaban todo su cuerpo, el cuello, los ojos, los senos, ... no quedaba lugar que su boca no hubiera recorrido. Su respiración profunda y agitada marcaba el ritmo del acto, ella continuaba dejándose llevar. Él la miró y sintió como la atravesaba, había llegado hasta lo más profundo de su interior, en cuerpo y alma. Y así quedó pegada a él durante un tiempo, sin querer abrir los ojos por miedo a que fuera otro sueño. Buscó sus pies entre las sábanas y los pegó a los suyos. No le gustaba que los pies se le helaran, ese frío no la dejaba dormir bien, y ahora por fín pudo resguardarlos entre los pies de otra persona. Era una sensación distinta, cálida, era como sentirse protegida de las cosas negativas. Con ese calor concilió rápidamente el sueño, un sueño dulce y plácido, como hacia tiempo, como ya no recordaba.
Ahora mismo le daba igual Ramón, Saúl, Jacob, Uriel y sus sueños, y las puertas, y los otros lados, y los entes, y el abismo, hacía tiempo que no sentía tanta serenidad...
Cuando despertó, él seguía allí.
- ¿No me vas a preguntar mi nombre? le dijo suavemente.
Ella guardó silencio.
- Ya lo sabes, ¿verdad? – le susurró dulcemente al oído
Ahora sí que estaba perdida, ¿qué era real y qué era sueño? ¿Dónde estaban los otros, Ramón, Saúl, Jacob y los otros rostros que había visto? ¿Qué eran esos rituales? ¿Estaba Jacob dentro de ella? ¿Qué significaba ser la puerta? ¿Quién era Uriel? ¿Por qué la buscaba? ¿Qué quería de ella? ...
( Esto, a ver por dónde tiramos)
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